El martes fui a cenar con mis primos. Mis dos primos. A uno de ellos hacía más de 10 años que no lo veía.
Fue un lindo encuentro, hablamos de nuestras cosas, de cómo nos sentimos con la vida, de miedos, de frustraciones, de ideologías, de proyectos, de política, de filosofía, de la vida en general, de mujeres, de internet, de juegos.
Yo la pasé muy bien y me quedó bien claro que a pesar de los años el lazo sigue ahí. Hay sangre entre nosotros, hay historia, hay niñez compartida, hay sufrimiento, hay vacíos que nos unen. No tenemos padres, tios, ni abuelos que nos convoquen.
Pero el lazo sigue ahí, inamovible. Espero que se repita pronto.
sábado, julio 23, 2005
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